Por fin, largas tardes de verano

Ahora sí. Empezaba a sentirme como un hamster dentro de la rueda, corriendo a toda velocidad y sin escape alguno. Que no le temo yo a las cuestas de enero, septiembre y diciembre. A lo que  tengo pánico es a la bajada sin frenos que es junio. Ya sabes, cuando de repente la agenda se te llena de: ensayos de la escuela de danza, con y sin vestuario, las audiciones de música, los festivales del cole y los mensajes de whatsapp con “Qué le compramos al profesor y quién va, tú o siempre tú”. Las funciones de fin de curso del colegio y ese vestuario que acabo llevando a la modista porque, no, no me interesó jamás la costura. Las últimas excursiones y esa lista de todo lo que tienen que llevar y mientras tanto los exámenes finales y las terribles ganas que tienen ellas de estudiar en vez de estar ya la playa y  cuando yo sigo sin guardar las chaquetas de lana.
Estoy cansada. Pero feliz. Ya lo estoy viendo, ya llegan esas tardes largas, cálidas, esas que yo disfruto y a las que araño todo su tiempo: para estar con mis hijas, pasear sin prisas, ponerme otra vez a dibujar y en especial, perderme en todos los libros que tengo apilados en mi mesita.Tanto que contarte.

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