Canadá

 Estos días el cielo se ha llenado de cenizas cuando ya estaba plomizo, cargado de palabras gastadas y de emociones encontradas, de unos y de otros. He apagado la tele, he abierto libros.

“Aquello que somos capaces de imaginar como lo peor, nunca es lo peor posible”. Richard Ford, Canadá.

Leer con los días ocupados una novela de estas características no es fácil. He mantenido una historia de amor tormentosa con su lectura: un flechazo intenso a primera vista, hastío, encuentros, desencuentros y una final reconciliación. Canadá te recibe con un principio poderoso:

“Primero contaré lo del atraco que cometieron mis padres. Y luego lo de los asesinatos, que vinieron después”A partir de ahí, el argumento queda supeditado al lenguaje: áspero, directo, sin concesiones. Y al ritmo. Lento. Una parsimonia que tal vez tenga que ver con la dislexia que padece el autor. Me sobrecoge saber que Ford apenas leyó un libro hasta cumplir los dieciocho años.

Canadá es una bellísima y profunda novela sobre la pérdida de la inocencia, sobre los lazos familiares y sobre el camino que uno recorre para alcanzar la madurez:

Dell Parsons tiene quince años cuando sucede algo que marcará para siempre su vida: sus padres roban un banco y son detenidos. Su mundo y el de su hermana gemela Berner se desmorona en ese momento. Con los padres en la cárcel, Berner decide huir de la casa familiar en Montana. A Dell, un amigo de la familia le ayudará a cruzar la frontera canadiense con la esperanza de que allí pueda reiniciar su vida en mejores condiciones. En Canadá se hará cargo de él Arthur Remlinger, un americano enigmático cuya frialdad oculta un carácter sombrío y violento. Y en ese nuevo entorno, Dell reconducirá su vida y se enfrentará al mundo de los adultos.

Entre mis nuevos compañeros de tertulia en el Club de lectura de Oleiros, ha habido mucha discrepancia alrededor de esta obra. O la amas, o la detestas. Personalmente, he decidido amarla, porque me parece que Canadá reivindica la literatura de lentitud, esa que se para a describir los detalles, llena de matices sensoriales. He tenido que reposar unos días su lectura para poder acceder a nuevas historias y eso solo me sucede cuando estoy ante un muy buen libro.

 

 

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